8 - El Carretero en el Museo

Finalmente entramos al museo, nuestra parada preliminaria, que fue mucho más impresionante de lo que me había imaginado. Tiene esculturas extraordinarias, como el mejor retrato de Antinous que he visto en el mundo, y el inteligente y muy vivo Hagias.


El Omphalos, ombligo, está aquí también (no el original, pero igual una copia muy antigua), que marcaba el centro de la Tierra, el que se creía estaba en Delfos.

Caminé por el museo en silencio, inhalándolo todo, sabiendo que Oscar estaría todo ese tiempo en la galería del Carretero.
Oscar me había contado hace muchísimos años, que la única vez en su vida en la que tuvo una experiencia que el podría llamar mística fue cuando vio al Carretero con su amiga Ivonne. Les impresionó tánto que regresaron la mañana siguiente para sentarse nuevamente en su presencia lo que más pudieron.

Mi amiga Donna, quien no conoció a Oscar o supo de mi conversación con él, me dijo básicamente lo mismo unos pocos días antes de mi viaje a Grecia. Literalmente, dijo que la única vez que tuvo una experiencia que pueda ser llamada mística fue cuando vio al Carretero.
Por supuesto, eso me impresionó muchísimo, y mi deseo de verlo creció más fuerte que nunca.

Pues como se podrán imaginar, desde el instante en el que lo vi me quedé helado. Ni siquiera pude hablar con Oscar, quien estaba sentado cerca, hasta cuando se levantó para irnos. Su amiga Ivonne le había dicho: "Yo no amo la escultura, yo le amo a él!"

Es tan cierto! Él está vivo, y lo que nos muestra es algo muy difícil de no respetar y enamorarse. Para mí, él es todo lo que yo admiro en una persona, es humilde pero seguro de sí mismo, disciplinado pero sensible al mismo tiempo, atlético y llenamente presente en el momento, frente a los dioses, frente a todo.

Pero lo que más me impresionó fue sus ojos, tan abiertos, atentos y reverentes, listos a actuar efectivamente si necesario, siempre mirando hacia adelante, alertos e inteligentes. Este fundido en bronze es uno de los más formidables de la antigüedad, el regalo de un rey Siciliano a los dioses en Delfos, para honrar el triunfo de su ciudad en la carrera de carretas durante los Juegos Pitianos que se daban cada cuatro años en el santuario. El joven mismo tiene que haber influenciado su creación, lo cual explicaría el interesante desvío del estilo puro Arcaico de la época, y su realismo magnético.



Esta escultura es uno de esos muy raros ejemplos de lo que el arte puede lograr, ese misterio inexplicable que nos eleva y transporta más allá de nuestra vida normal. Estas fotos nunca podrán mostrar el por qué, yo había visto muchas imágenes de él antes y nunca comprendí su importancia.  Fue solamente ahí, en su presencia, mientras caminaba alrededor de él con el corazón en la garganta, cuando comprendí por qué cualquier persona se puede quedar tan profundamente cautivada.

Nunca he visto una escultura igual de fuerte y enigmática, a su manera es tán hipnotizante como La Mona Lisa, y por las mismas razones. Por eso es uno de los logros artísticos más celebrados de la antigüedad.  

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